Hubo un tiempo en que el cambio organizativo se producía por oleadas: una reestructuración por aquí, una nueva tecnología por allá o un cambio ocasional de estrategia. Hoy en día, el cambio se ha convertido en el telón de fondo con el que las empresas trabajan a diario. Los mercados evolucionan rápidamente, las expectativas de los clientes siguen aumentando, la tecnología transforma las industrias a un ritmo sin precedentes y los acontecimientos mundiales pueden alterar las condiciones comerciales casi de la noche a la mañana. Para los líderes, el desafío ya no consiste en gestionar períodos aislados de cambio, sino en ayudar a las personas a tener éxito en un entorno donde el cambio es continuo. Como subraya Jeff Hart, director ejecutivo de Seagull Software, a lo largo de su reciente serie sobre liderazgo, un liderazgo eficaz no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en crear la confianza, la claridad y la seguridad que permitan a las personas superarla juntas. 

 

1. Aceptar que el cambio es la nueva normalidad 

Uno de los cambios de mentalidad más importantes que pueden implementar los líderes es reconocer que el cambio ya no es una excepción, sino el entorno operativo. En lugar de esperar a que regrese la estabilidad, las empresas deben desarrollar la agilidad necesaria para adaptarse continuamente. 

Esa realidad puede resultar inquietante para los empleados. Mientras que los líderes suelen centrarse en responder a las presiones externas, los empleados se hacen una pregunta diferente: ¿Puedo confiar en que vamos en la dirección correcta? 

La gente no busca necesariamente la certeza sobre cada resultado. Quiere tener confianza en que el liderazgo está prestando atención, tomando decisiones meditadas y actuando con un propósito. El liderazgo actual no consiste tanto en tener todas las respuestas, sino más bien en ayudar a las personas a desenvolverse en situaciones de incertidumbre sin sentirse abrumadas. La confianza se convierte en el ancla que mantiene estables a las empresas, incluso cuando las circunstancias son de todo menos predecibles. 

 

2. Comunicarse pronto y con frecuencia 

En tiempos de incertidumbre, el silencio puede convertirse, sin quererlo, en un mensaje en sí mismo. 

Cuando la comunicación se ralentiza, los empleados, naturalmente, comienzan a llenar los vacíos con suposiciones. A menudo, la incertidumbre en sí misma no es lo que genera ansiedad. No se trata de entender por qué se toman decisiones o qué significan esas decisiones para el futuro. 

Animar a los líderes a compartir el contexto con antelación, incluso antes de que se hayan ultimado todos los detalles. Explicar qué ven los líderes, qué factores influyen en las decisiones y cómo esas decisiones respaldan la dirección de la empresa ayuda a los empleados a comprender mejor la situación. La comunicación debe concebirse como una conversación continua, en lugar de una serie de anuncios. Cuanto más contexto tengan las personas, más confianza adquirirán para afrontar el cambio junto con el liderazgo. 

 

3. Crear estabilidad a través del propósito 

La estabilidad no proviene del hecho de evitar el cambio. Proviene de reforzar lo que permanece constante. 

Las prioridades empresariales cambiarán. Los mercados evolucionarán. Surgirán nuevas oportunidades y desafíos. Pero los valores, la misión y el compromiso de una empresa con sus clientes deben proporcionar una base sólida y coherente. 

Cuando los empleados comprenden los principios que guían las decisiones de liderazgo, están mejor preparados para adaptarse sin perder el enfoque. En una era de información constante y distracciones digitales, los líderes desempeñan un papel importante a la hora de ayudar a los equipos a distinguir entre los cambios temporales y las prioridades permanentes. Las empresas se vuelven más resilientes cuando se mantienen fieles a su propósito al tiempo que continúan evolucionando. 

 

4. Dar voz a los empleados 

Una de las formas más eficaces de conseguir apoyo para el cambio es involucrar a las personas que contribuirán a que tenga éxito. 

Esto no significa que todas las decisiones se tomen por consenso. Los líderes siguen siendo responsables de marcar el rumbo y tomar decisiones difíciles. Pero los empleados que están más en contacto con los clientes, los productos y las operaciones diarias suelen identificar los retos y las oportunidades emergentes antes que nadie. 

Crear oportunidades para que los empleados compartan ideas, identifiquen riesgos y aporten diferentes perspectivas no solo mejora la toma de decisiones, sino que también fortalece la confianza. Cuando las personas se sienten escuchadas, el cambio se convierte en algo que ellas mismas contribuyen a moldear, en lugar de algo que se les impone. Ese sentimiento de pertenencia suele dar lugar a una mayor implicación, una colaboración más sólida y mejores resultados a largo plazo. 

 

5. Liderar conjuntamente el cambio 

El liderazgo no se mide por la capacidad de eliminar la incertidumbre. Se mide por la capacidad de ayudar a las personas a superar la incertidumbre juntas. 

El futuro seguirá trayendo consigo nuevas tecnologías, cambios en las expectativas de los clientes y desafíos globales imprevistos. Esas realidades escapan en gran medida al control de cualquier líder. Lo que los líderes pueden controlar es cómo responden. 

Al comunicarse con honestidad, proporcionar un contexto significativo, escuchar antes de decidir, invitar a la participación y mantener el compromiso con un objetivo común, los líderes crean un entorno en el que los empleados se sienten preparados en lugar de abrumados. La gente no espera la perfección. Esperan coherencia, transparencia y un compromiso genuino con su éxito. Esas cualidades fortalecen la resiliencia en toda la empresa. 

 

Liderar con confianza en tiempos de incertidumbre 

Es improbable que el cambio continuo se ralentice, pero eso no significa que las organizaciones deban aceptar la incertidumbre como una fuente de inestabilidad. Los grandes líderes reconocen que la resiliencia no se construye a través de pronósticos perfectos ni de una ejecución impecable. Se construye a través de la confianza, la comunicación, un propósito compartido y una participación significativa. Al adoptar estos principios, los líderes crean entornos laborales donde las personas se sienten informadas, valoradas y con la suficiente confianza como para adaptarse juntas. En un mundo impredecible, esa puede ser la mayor ventaja competitiva que puede desarrollar una empresa. 

 

Jeffrey Hart es el director ejecutivo de Seagull Software. Diseña y ejecuta estrategias de alto valor que impulsan la rentabilidad, la innovación y el crecimiento, lo que genera decenas de millones tanto en ingresos como en beneficios. Conocido por combinar una visión estratégica con un liderazgo sólido, crea equipos comprometidos y lleva a las empresas al liderazgo del mercado.